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La casa donde mataron a Pablo Escobar: ¿narcoturismo o un símbolo importante?

Por Grace · 3 de julio de 2019 · Destacados, General
La casa donde mataron a Pablo Escobar: ¿narcoturismo o un símbolo importante?

El pasado oscuro de Medellín tiende a dominar su reputación internacional, aún más con series como Narcos que dramatizan (con imprecisiones) el reinado del narcotraficante Pablo Escobar. Mientras la serie de televisión lo muestra como un criminal sofisticado, la realidad es que Escobar fue un asesino y un terrorista. Entre los años 80 y principios de los 90, su cartel controlaba el 80 % del mercado mundial de la cocaína e impuso una cultura del miedo que asoló a los habitantes de Medellín. Para 1991, 550 policías habían sido asesinados a manos de los sicarios a sueldo de Escobar y más de 100 artefactos explosivos habían detonado en la ciudad entre septiembre y diciembre.

¿Por qué, entonces, mientras Medellín deja atrás su historia violenta tras ser nombrada en 2013 la ciudad más innovadora, el turismo de Escobar sigue tan extendido? Todos los días hay tours por su casa, su zoológico e incluso la prisión que él mismo construyó, además de fotos suyas en todo tipo de mercancía que venden puestos por toda Medellín. ¿La presencia de Escobar en la ciudad hace parte de su reconocimiento e integración del pasado? ¿O es algo que le imponen los turistas que buscan saber más sobre este hombre tristemente célebre?

fotografía aérea de la ciudad
Felipe Salgado

Tal vez el factor más intrigante del turismo de Escobar es la pregunta de por qué a Escobar aún se le permite tener presencia en Medellín después de su muerte, cuando la reputación de otros hombres igual de poderosos y tiranos antes que él quedó sellada solo en la historia. Es cierto que lo extravagante de las escapadas de Escobar (la colección de hipopótamos, los partidos de fútbol con futbolistas profesionales, las piñatas rellenas de dólares estadounidenses, ser nombrado por Forbes el «hombre más rico de América» en 1987) lo consolidó como una figura internacional de intriga. Por no mencionar el grado extremo de corrupción del propio gobierno colombiano: los sobornos, los tratos, las muertes y la construcción de una prisión de lujo para Escobar y sus hombres. En esencia, fue esta escandalosa complicidad la que permitió que el cartel operara a una escala tan grande durante tanto tiempo.

Recientemente, uno de los lugares más populares para visitar en la ruta de Escobar es la casa donde lo mataron (Carrera 79B #45D–94) el 2 de diciembre de 1993.

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Business Insider

Cuenta la historia que, unos 16 meses después de que Escobar escapara de prisión (La Catedral), un bloque de búsqueda colombiano creado específicamente para encontrarlo interceptó una llamada desde el barrio Los Olivos, en Laureles. La llamada iba dirigida al hijo de Escobar e identificó de inmediato su escondite. Tras una persecución policial por los tejados de las casas, en la que Escobar y su guardaespaldas fueron abatidos a tiros, se confirmó la muerte de Escobar.

Existen diferentes versiones sobre quién fue el verdadero responsable del disparo que mató a Escobar: el bloque de búsqueda afirma que fueron sus hombres; los justicieros rivales Los Pepes dicen que contribuyeron a su caída, mientras que la familia de Escobar insistía en que él mismo se quitó la vida.

Avanzamos hasta 2019 y la antigua casa de Escobar en el edificio Mónaco ha sido demolida, con el alcalde de Medellín afirmando en el momento del derrumbe: «este símbolo, que es un símbolo de la ilegalidad, del mal, será derribado». Resulta interesante, entonces, que el lugar de la muerte de Escobar aún siga en pie e incluso haya sido reutilizado. Quizás la distinción entre las dos estructuras es que una conmemoraba su vida, mientras que la otra es un crudo recordatorio de su desaparición física —y simbólica— en Medellín.

El enfoque de Medellín para superar su pasado destructivo no ha sido enterrarlo, sino incorporar esa narrativa dentro de la ciudad; al fin y al cabo, hay que recordar la historia para no repetirla. Sin embargo, ahí radica la dificultad: como extranjeros, ¿visitar estos sitios cambia la voz que cuenta la historia? Si la casa donde mataron a Escobar se convierte en una atracción turística, ¿el narcotraficante ha alcanzado tal estatus de celebridad que, en últimas, se le está celebrando póstumamente? Como siempre, la intención juega un papel al visitar cualquier sitio relacionado con Escobar: hay una línea muy fina entre la curiosidad y la idolatría.

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SBS

Hoy en día, la casa que marca la muerte de Escobar es una escuela de español. El edificio de tres pisos está escondido en una calle residencial tranquila, frente al río. Visto desde afuera, un letrero dice «Escuela de Español» y hay plantas a lo largo de la entrada. Nada en la casa identifica a Escobar. Nada, excepto el ir y venir de turistas, que a menudo toman fotos antes de seguir su camino. La gente no suele quedarse mucho tiempo afuera y no hay letreros ni explicaciones de guías.

Después de pasar por diferentes manos durante un tiempo, la casa estuvo abandonada durante 15 años cuando la Fiscalía General selló la propiedad. Durante ese tiempo, el lugar ya era muy conocido en Medellín y una parada clave en los narcotours. Más tarde, la ciudadana holandesa Erica Borgardijn compró la casa para Colombia Immersion. El sitio web de la escuela no menciona nada sobre Escobar ni sobre la importancia del lugar, y el currículo de la escuela no toca el tema del narcotráfico.

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El Tiempo

Borgardijn afirma que la escuela de español busca concentrarse en el futuro, no en el pasado, y por eso los estudiantes se acercan a la historia de Medellín visitando distintos barrios y aprendiendo el idioma a través de la cultura. De hecho, cada una de las aulas lleva el nombre de una zona diferente de la ciudad, de modo que la escuela es una especie de microcosmos que representa la transformación de Medellín en un lugar internacional, educativo y atractivo. Los estudiantes de la escuela también reflejan un cambio enorme: en el apogeo de Escobar, el turismo en la ciudad era casi inexistente, mientras que hoy más de 550.000 visitantes al año llegan a Medellín a estudiar, viajar y trabajar.

Colombia Immersion

Entonces, ¿la casa donde mataron a Pablo Escobar es un símbolo de que Medellín es una ciudad más segura y progresista? ¿O simplemente otro ejemplo de cómo el narcoturismo en realidad le impide superar una reputación de drogas y conflicto? La respuesta es subjetiva, pero visitarla puede generar cierta culpa: tal vez porque la escuela decide no abordar directamente la importancia de la casa, tal vez porque como extranjeros automáticamente convertimos algo en espectáculo con solo visitarlo, y tal vez porque las personas más afectadas por Escobar todavía no han tenido todas una plataforma para contar sus historias.

Por otro lado, al parecer los paisas en general han aceptado la casa en su nuevo rol, y la conversión refleja cómo los locales ahora quieren que se vea a Medellín. La casa también hace parte de una red más grande que reconstruye física y simbólicamente a Medellín: la Casa de la Memoria, el sistema del metro y las escaleras eléctricas de la Comuna 13; todos utilizan el pasado para construir sobre él, en lugar de descartarlo por completo.

La conclusión parece ser que ir a la casa con fines turísticos exige cierto nivel de respeto. Querer ir está bien, tomarse una foto está bien, pero el recorrido no debería terminar ahí. El dinámico paisaje urbano de Medellín y la amabilidad de sus habitantes ofrecen muchas oportunidades para comprender el impacto humano del reinado de Escobar y asegurarse de que él y sus atroces actos no queden inmortalizados como una simple atracción turística.

Etiquetas: Pablo Escobar